Un artista de corazón

julio 26, 2009 at 6:11 pm (1)

Un artista de corazón

Ana María Molina Vélez

Mauricio Ramírez, artista callejero de Medellín, pintor desde los 16 años, hoy en día tiene 62. Mauricio es un pintor que normalmente se ubica en el parque del periodista los fines de semana, aunque según cuenta, éste no es su único lugar de trabajo, puesto que prefiere recorrer la ciudad para plasmarla en sus lienzos.

La larga historia de Mauricio comienza a los 15 años cuando escapó de su familia por problemas personales, estuvo vagando por varias ciudades de Colombia durante 6 meses hasta que en Bogotá por pura casualidad se encontró con un pintor extraordinario según sus comentarios, sus técnicas eran la acuarela y el acrílico con las cuales lograba imágenes y colores mágicos que cautivaron a Mauricio desde el principio. Según nuestro artista, su curiosidad nunca ha tenido límites y si en algún momento se decide por algo, su terquedad no le permite abandonar su empresa hasta conseguirlo, por lo tanto, decidió que este magnífico pintor seria su tutor y efectivamente lo convenció para que le enseñara.

Un año le estuvo enseñando el “maestro” Luís López de las calles de Bogotá pero éste murió al poco tiempo. Con el alma afligida pero contento por sus nuevas habilidades, Mauricio decide regresar a Medellín para poner en práctica sus conocimientos y obviamente pulirlos, así es como comienza la carrera urbana de nuestro artista, quien hasta ahora dice que no le ha interesado nada más que plasmar su arte en las calles.

Nos cuenta entonces que sus únicas necesidades son el poder tener un techo, comida, un baño cada mañana y el poder comprar sus materiales para continuar con su oficio vendiendo sus cuadros en las calles, los cuales le dan el sustento de cada día. Pero para ello debe tener una dura rutina en el asfalto de Medellín. Todos los días Mauricio se levanta a las siete de la mañana para prepararse un café y disponerse a salir a las calles, arregla su cuarto, se viste, llena su mochila con sus materiales de oficio, arregla los lienzos y se lanza a las calles del centro. Según Mauricio sus gustos a la hora de pintar son muy caprichosos puesto que según él sólo busca ambientes o paisajes con un tono de alegría, alegría plasmada por la luz del sol o las personas mismas, pero casi siempre por la luz, no le gusta mucho los días tenues y oscuros por lo cual prefiere quedarse en casa durante estas jornadas, pero aún así el sabe que cada momento puede tener su magia y por lo tanto no puede cerrarse a sólo un tipo de pintura, es así como cambia sus tendencias de vez en cuando. Una vez instalado en su lugar de trabajo examina el entorno tratando de identificar cualquier cosa que lo anime a pintar, analizando a todas las personas, la arquitectura, pájaros, árboles, luces etc. Al terminar de pintar muchas veces recoge sus utensilios para partir hacia una pequeña tienda donde suelen hacerse sus amigos, allí se queda hasta las 7 u 8 de la noche conversando para luego irse a la cama o simplemente a leer o a hacer algo antes de dormir, analizar sus obras o tomarse otro tinto.

El artista cuenta que ha tenido numerosas oportunidades para ser un gran galerista, presentarse en diferentes museos del mundo o vender sus obras por millones, pero para él este tipo de cosas siempre han sido superfluas pues piensa que sólo son movidas por el comercio y la avaricia, donde el arte en realidad no se comporta como arte si no como una pieza comercial, y según Mauricio, ama tanto lo que hace que no sería capaz de degradar el valor artístico que tienen sus obras con un simple precio.

Este compañero comenta que siempre seguirá haciendo lo mismo hasta el día en que se muera, pero que antes de eso, le gustaría mucho ver que los artistas callejeros sean más apoyados por las entidades de Medellín ya sea la Alcaldía o el Palacio de la Cultura, pero que no sea un apoyo con fines comerciales si no con fines educativos y sensibilizadores hacia el arte, para que los jóvenes tengan una mejor oportunidad para hacer actividades diferentes a la cotidiana violencia y depresión de la ciudad.

 

Mundoalianza

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